8.7.10

Gol de Miguel Rodríguez Casellas

08 Julio 2010

Gol

Miguel Rodríguez Casellas, Buscapié

¿Y qué tal si hubiera un deporte donde todos ganaran, que la tensión surgiera de poner en juego la felicidad compartida, el éxtasis colectivo, la victoria para el mayor número de personas? Este objetivo de grandeza comunal, que fue premisa paleocristiana, hoy es pecado contra natura. Resulta que tras el colapso del capitalismo rapaz, a una minoría aún más minoritaria que los “pelús” a quienes tanto gusta demonizar, y contra quienes no puede competir en estatura moral, le ha dado con estigmatizar al socialismo en todas sus vertientes.
Yo no sé si soy socialista, pero no me inclinan a su derecha individuos paranoicos y enajenados de la falla estructural que ha dejado al país pequeño sin “Grande”, al universo de insularismos endogámicos sin universidades y a la ley sin el orden para el cual alega existir.
Se observa una tendencia a tipificar la disidencia como raridad obscena. Pero son los poderosos los enrarecidos aquí, los que actúan aislados, ajenos a toda lógica. Así, la brutalidad policíaca no me asquea tanto como la inteligencia de Pujadas, a quien de frente y por segunda vez responsabilizo de ser el jefe de escuadra de este caos social.
Hoy mis posturas parecen vulnerar la estabilidad de mi entorno, que protejo estridentemente contra cualquier forma de silencio cómplice. Repudio de ese entorno a los colegas cuyas epistemologías de la historia les hacen pensar que están a salvo administrando sus vidas como si fueran antologías en proceso.
Responden a un falso sentido de totalidad que no les deja hacer lo correcto. Y es que lo “correcto”, en ocasiones, puede ser lo disonante, contrario al organicismo armónico de una obra maestra de la modernidad.
Quiero una vida donde todos ganen, liberando a los “casi-ganadores” de aquel impostor de marinero. A ese gol aspiro, y me lo imagino de la manera más perversa: un deshacer de la audiencia y su jugador estrella, fundidos en una misma masa que corre, golea, y se aplaude/critica a sí misma. La mejor parte es que esta estampida humana se quiere, se mima y se atesora en toda su gloria, precisamente, porque es diversa.
n El autor es profesor de la Escuela de Arquitectura de la Politécnica.
http://www.elnuevodia.com/columna-gol-737963.html

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